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viernes, 30 de marzo de 2012

Mafer Leira y su profe despues de clases

Hace unas noches estaba leyendo relatos eróticos y viendo porno, lo cual hizo que me mojara como una gatita. Como consecuencia, llegqé más que caliente a la universidad en la mañana siguiente.
Estaba en clase, esperando a que terminara para poder salir a disfrutar de mi merecido descanso, cuando al salir, mi joven y apuesto profesor pronunció “Mafer Leira, ¿puedo hablar contigo?” y como buena alumna, me acerqué obediente a su mesa.


Mi profesor no era un tipo normal, estaba buenísimo, era guapo y además estaba casado, todo ello parecía estar diseñado para aumentar mi morbo. Siempre he sido un bomboncito de niña, para qué engañarnos y siempre tengo lo que deseo pero tengo que reconocer que las posibilidades de que mi profesor y yo terminásemos liándonos eran del todo nulas pues ya se sabe lo difíciles que son las relaciones en este ámbito.
Me preguntó "¿Qué te pasa?, has estado distraída durante la mañana y haciendo garabatos sin sentido en mi cuaderno..." Traté de inventarme una excusa lo juro, pero no podía dejar de mirarle, ni a él ni a su postura pues estaba sentado con las piernas abiertas y sobre una de esas sillas que tienen ruedas al final. Me miraba y me pareció que no solo era yo la que precisaba de algo más.

Siempre he sido de las que dicen "quien no arriesga no gana" y como no se me ocurrió nada mejor en aquél instante, fingí que se me caía el almuerzo y al agacharme, quedé arrodillada entre las piernas de mi querido profesor, entonces fingí estar avergonzada, pero mientras me iba levantando me detuvo con sus manos sobre mis hombros, nos miramos y se desabrochó con gran habilidad el cinturón, el botón del pantalón y la cremallera, desplazó el boxer hacia abajo, dejando a la vista su dura verga.

Parecía inseguro pero yo lo deseosa y teníamos la puerta del aula cerrada, por lo cual nadie nos pillaría hasta dentro de unos minutos. Tomé su verca con una mano y la empecé a frotar poco a poco, mientras lamia su punta con mi lengua en círculos, mientras acariciaba mi cabeza. Lo introduje un poco más dentro de mi boca y lo volví a sacar, hasta que finalmente me lo tragué por completo, moviendo mi cabeza hacia delante y atrás, entonces lo escuche gemir, agradeciendo la humedad y calidez de mi boca y la saliva de mi boca, que impregnaba su erecta y dura verga. Seguí con los mismos movimientos durante unos minutos más hasta que le noté vibrar y entonces... se corrió en mi boquita. Toda su rica leche me inundó la boca, pasando por mi garganta. Parecía relajado, lo cual aproveché para lamer la punta de su rica verga, limpiándola de semen.
Estaba muy mojada, mis jugos vaginales resbalaban un poco por mis piernas, notaba mi sexo arder y deseaba que él me cogiera pero sabía que eso no podría ser, me ofreció un pañuelo para limpiarme.
Después de eso nos besamos, jugamos con nuestras lenguas y nos intercambiamos los móviles para quedar algún día fuera del horario de clases. Fue una de las mejores mamadas, siendo mi rico almuerzo que nunca olvidaré.

Un Relato Erótico sobre Mafer Leira

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